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Lluís Amics
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Publicado: Jue Nov 8th, 2007 06:19 pm |
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El porvenir del forastero
Hay dos interrogantes que siempre vuelven cuando se trata de inmigración: ¿va a durar? y ¿cuál es el porvenir del forastero en la comunidad de acogida? Antes de contestar, es necesario tener una idea clara sobre el hecho de emigrar y sobre lo que la sociedad de acogida provoca en la personalidad del forastero.
Primero, la inmigración es siempre un proceso individual. Significa que se trata de una decisión personal, cuyo objetivo, fundamentalmente, es cambiar de estatus social. Que sea para ayudar a la familia en la comunidad de origen o para vivir mejor fuera de su comunidad, siempre significa la voluntad imperiosa de conseguir recursos más importantes. Hay fundamentalmente dos tipos de forasteros: los que vienen para trabajar, ahorrar, mandar dinero para ayudar a la familia y preparar su retorno a la comunidad de origen, y los que vienen para quedarse definitivamente. Pero la "economía" subjetiva, o sea el nivel de conciencia, no es siempre claro en cuanto a esas dos posturas. Unos vienen para trabajar con la idea de volver a la comunidad y finalmente se quedan, se casan, etc. Otros vienen para quedarse pero no se adaptan, y viven con la nostalgia de la comunidad de origen, a menudo influyendo sobre sus propios hijos. Para todos, la relación tanto con la comunidad de origen como con la comunidad de acogida no es obvia. La solución, en el caso de que haya una que sea satisfactoria, de esas contradicciones se encuentra en el devenir de la vida, en la obra ineludible del tiempo, pues el tiempo cambia todo.
Lo más peligroso en este terreno, bajo pretexto de respetar la "identidad" del forastero o de mantenerlo en situación de apartheid en la sociedad de acogida, es considerar al forastero como una persona que siempre va a quedarse aparte en la sociedad. Muchos de los militantes (siempre de muy buena fe) que defienden los derechos de los forasteros como "nueva minoría" se equivocan gravemente, porque consideran que la condición forastero es "eterna", sustancial y "diferente" del resto de los individuos en el colectivo social. Ahora bien, la inmigración no es una "minoría", porque no tiene características sociales permanentes (los forasteros aprovechan, al fin y al cabo, el proceso de movilidad social de todos), y menos aún, características culturales comunes (proceden de raíces culturales muy diferenciadas). La única cosa que pueden tener en común es que, en un momento de su vida, son forasteros.
La famosa "integración" de los forasteros es de hecho, y entre otras cosas, un proceso de desaparición del forastero como tal. Se trata para él de acceder a los medios profesionales, a los valores y a los usos de la sociedad de acogida para poder conseguir los recursos con el fin de cambiar su estatus social. Y, de hecho, el objetivo no confesado pero auténtico de toda política de integración es favorecer la "desaparición" del forastero como foráneo y su transformación en ciudadano, incluso en autóctono, de la comunidad de acogida. Proceso cada vez más obvio en todas las comunidades de inmigración, con el aumento de la inmigración familiar y, sobre todo, con el papel que juegan los hijos como factor de incitación de esa integración.
Este proceso favorece el surgimiento de problemas de identidad graves y a menudo sin soluciones satisfactorias para los forasteros. Primero, el objetivo natural de la sociedad de acogida es conseguir la asimilación de los forasteros a sus valores y usos. Pero esa asimilación de hecho genera un desdoblamiento identitario del forastero que ve la sociedad de acogida tanto tras sus propios valores de origen como tras las normas y valores de la sociedad de acogida. Cuanto más dura la situación de alejamiento de la comunidad de origen, menos dura esa doble mirada. Se trata de una "negociación" identitaria permanente. El acceso al idioma de la comunidad de origen es en este caso el mejor camino de integración y de identificación. Hay unos que abogan por "respetar" las identidades y los rasgos culturales de los forasteros. Es efectivamente necesario e incluso imprescindible, desde un punto de vista democrático. ¿Pero qué significa ese respeto cuando la condición del acceso a la ciudadanía implica automáticamente el adoptar las normas y los valores de la sociedad de acogida? Otros estigmatizan y culpabilizan a los forasteros por no querer adoptar inmediatamente los códigos de la sociedad receptora. ¿Pero no se dan cuenta que es el mejor medio para provocar reacciones de rechazo y de repliegue identitario por parte del forastero? En España, estas cuestiones se plantean también dentro de un contexto de reproblematización identitaria de la propia sociedad española. La identidad se ha vuelto aquí un hecho político, y es por supuesto una desgracia, pues, como bien ha dicho el gran politólogo norteamericano Albert Hirsmann, la identidad, cuando se vuelve un asunto de competencia política entre los partidos, es "no-negociable" pues la demagogia extremista siempre gana en contra de la democracia tolerante.
Entre estos arrecifes, el camino pedagógico es estrecho: siempre hay que buscar el término medio, para no provocar reacciones de rechazo o de repliegue identitario del forastero. Siempre hay que respetar la dignidad de las personas, la cultura de los padres, la confesión de todos. Pero sin hacer de estos rasgos un lugar de "cierre" identitario del forastero. Porque su "origen" es su pasado, y su porvenir es volverse ciudadano a parte entera de la comunidad de acogida.
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Lluís Amics
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Publicado: Vie Nov 9th, 2007 06:58 pm |
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Aquest article no mereix cap resposta? No me'n puc avenir! 
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NEMROD Amics

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Publicado: Vie Nov 9th, 2007 07:43 pm |
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| algo me dice que has cambiado "inmigrante" por forastero...
____________________ NEPTUNO SEA SIEMPRE LOADO POR DEJARNOS ESTAR EN SU REINO. MIS POSTALES DESDE EL REINO DE NEPTUNO EN:http://xatmallorqui.com/coppermine/index.php?cat=10009
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Concos Amics
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Publicado: Sab Nov 10th, 2007 06:54 am |
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Viendo, señor Lluís, que han pasado ya 24 horas de este artículo manipulado por usted y que su segunda aportación no era para aclarar que todo era para ver la reacción de algunos contertulios, si no más bién para mostrar su desencanto, me quedo ahora con la duda de si alguna de sus aportaciones en este foro, pasadas o futuras, ya sean de textos o lingüísticas, también han sido manipuladas por su menda en diferentes grados de sutilidad para ajustarse no a lo que lee, si no a lo que le gustaría leer.
Como bien dice el señor Nemrod, ha sustituido "inmigrante" por "forastero" en el artículo de opinión publicado en Diario de Mallorca el pasado 4 de noviembre, del cual no sólo ha obviado de donde lo ha extraido, si no al autor del mismo, Sami Naïr, conocido defensor franco-argelino de los inmigrantes, y que es contrario a la integración del inmigrante en base a la culturalidad o a la identidad, ya que puede derivar a situaciones racistas. Es partidario de otorgar a los inmigrantes de plenos derechos para que estos se integren desde la diversidad en la sociedad de una manera más efectiva y real.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1704_5_305511__Opinion-porvenir-inmigrante
El porvenir del inmigrante
SAMI NAÏR Hay dos interrogantes que siempre vuelven cuando se trata de inmigración: ¿va a durar? y ¿cuál es el porvenir del inmigrante en el país de acogida? Antes de contestar, es necesario tener una idea clara sobre el hecho de emigrar y sobre lo que la sociedad de acogida provoca en la personalidad del inmigrante.
Primero, la inmigración es siempre un proceso individual. Significa que se trata de una decisión personal, cuyo objetivo, fundamentalmente, es cambiar de estatus social. Que sea para ayudar a la familia en el país de origen o para vivir mejor fuera de su país, siempre significa la voluntad imperiosa de conseguir recursos más importantes. Hay fundamentalmente dos tipos de inmigrantes: los que vienen para trabajar, ahorrar, mandar dinero para ayudar a la familia y preparar su retorno al país de origen, y los que vienen para quedarse definitivamente. Pero la "economía" subjetiva, o sea el nivel de conciencia, no es siempre claro en cuanto a esas dos posturas. Unos vienen para trabajar con la idea de volver al país y finalmente se quedan, se casan, etc. Otros vienen para quedarse pero no se adaptan, y viven con la nostalgia del país de origen, a menudo influyendo sobre sus propios hijos. Para todos, la relación tanto con el país de origen como con el país de acogida no es obvia. La solución, en el caso de que haya una que sea satisfactoria, de esas contradicciones se encuentra en el devenir de la vida, en la obra ineludible del tiempo, pues el tiempo cambia todo.
Lo más peligroso en este terreno, bajo pretexto de respetar la "identidad" del inmigrante o de mantenerlo en situación de apartheid en la sociedad de acogida, es considerar al inmigrante como una persona que siempre va a quedarse aparte en la sociedad. Muchos de los militantes (siempre de muy buena fe) que defienden los derechos de los inmigrantes como "nueva minoría" se equivocan gravemente, porque consideran que la condición inmigrante es "eterna", sustancial y "diferente" del resto de los individuos en el colectivo social. Ahora bien, la inmigración no es una "minoría", porque no tiene características sociales permanentes (los inmigrantes aprovechan, al fin y al cabo, el proceso de movilidad social de todos), y menos aún, características culturales comunes (proceden de raíces culturales muy diferenciadas). La única cosa que pueden tener en común es que, en un momento de su vida, son inmigrantes.
La famosa "integración" de los inmigrantes es de hecho, y entre otras cosas, un proceso de desaparición del inmigrante como tal. Se trata para él de acceder a los medios profesionales, a los valores y a los usos de la sociedad de acogida para poder conseguir los recursos con el fin de cambiar su estatus social. Y, de hecho, el objetivo no confesado pero auténtico de toda política de integración es favorecer la "desaparición" del inmigrante como extranjero y su transformación en ciudadano, incluso en nacional, del país de acogida. Proceso cada vez más obvio en todos los países de inmigración, con el aumento de la inmigración familiar y, sobre todo, con el papel que juegan los hijos como factor de incitación de esa integración.
Este proceso favorece el surgimiento de problemas de identidad graves y a menudo sin soluciones satisfactorias para los inmigrantes. Primero, el objetivo natural de la sociedad de acogida es conseguir la asimilación de los inmigrantes a sus valores y usos. Pero esa asimilación de hecho genera un desdoblamiento identitario del inmigrante que ve la sociedad de acogida tanto tras sus propios valores de origen como tras las normas y valores de la sociedad de acogida. Cuanto más dura la situación de alejamiento del país de origen, menos dura esa doble mirada. Se trata de una "negociación" identitaria permanente. El acceso al idioma del país de origen es en este caso el mejor camino de integración y de identificación. Hay unos que abogan por "respetar" las identidades y los rasgos culturales de los inmigrantes. Es efectivamente necesario e incluso imprescindible, desde un punto de vista democrático. ¿Pero qué significa ese respeto cuando la condición del acceso a la ciudadanía implica automáticamente el adoptar las normas y los valores de la sociedad de acogida? Otros estigmatizan y culpabilizan a los inmigrantes por no querer adoptar inmediatamente los códigos de la sociedad receptora. ¿Pero no se dan cuenta que es el mejor medio para provocar reacciones de rechazo y de repliegue identitario por parte del inmigrante? En España, estas cuestiones se plantean también dentro de un contexto de reproblematización identitaria de la propia sociedad española. La identidad se ha vuelto aquí un hecho político, y es por supuesto una desgracia, pues, como bien ha dicho el gran politólogo norteamericano Albert Hirsmann, la identidad, cuando se vuelve un asunto de competencia política entre los partidos, es "no-negociable" pues la demagogia extremista siempre gana en contra de la democracia tolerante.
Entre estos arrecifes, el camino pedagógico es estrecho: siempre hay que buscar el término medio, para no provocar reacciones de rechazo o de repliegue identitario del inmigrante. Siempre hay que respetar la dignidad de las personas, la cultura de los padres, la confesión de todos. Pero sin hacer de estos rasgos un lugar de "cierre" identitario del inmigrante. Porque su "origen" es su pasado, y su porvenir es volverse ciudadano a parte entera del país de acogida.
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Lluís Amics
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Publicado: Sab Nov 10th, 2007 12:56 pm |
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Concos escribió: Viendo, señor Lluís, que han pasado ya 24 horas de este artículo manipulado por usted y que su segunda aportación no era para aclarar que todo era para ver la reacción de algunos contertulios, si no más bién para mostrar su desencanto, me quedo ahora con la duda de si alguna de sus aportaciones en este foro, pasadas o futuras, ya sean de textos o lingüísticas, también han sido manipuladas por su menda en diferentes grados de sutilidad para ajustarse no a lo que lee, si no a lo que le gustaría leer.
Assumesc es contengut de s'article original, i pens que ets arguments són igualment vàlids respecte de s'integració des forasters a Mallorca. A posta l'he fet meu, amb petites modificacions, i n'he llevat sa firma de s'autor, perque no se tractava de manipular-lo. Curiosament, no ha meresctut cap resposta, ni a favor ni en contra. Per què deu esser?
Concos escribió:
Como bien dice el señor Nemrod, ha sustituido "inmigrante" por "forastero" en el artículo de opinión publicado en Diario de Mallorca el pasado 4 de noviembre, del cual no sólo ha obviado de donde lo ha extraido, si no al autor del mismo, Sami Naïr, conocido defensor franco-argelino de los inmigrantes, y que es contrario a la integración del inmigrante en base a la culturalidad o a la identidad, ya que puede derivar a situaciones racistas. Es partidario de otorgar a los inmigrantes de plenos derechos para que estos se integren desde la diversidad en la sociedad de una manera más efectiva y real.
Ses paraules baratades són exactament quatre: inmigrante per forastero, país per comunidad, extranjero per foráneo i nacional per autóctono.
Dius que en Sami Naïr ès "contrario a la integración del inmigrante en base a la culturalidad o a la identidad, ya que puede derivar a situaciones racistas". Se veu que no has lletgit s'article, perque precisament allò que dius ès que ets immigrants han de deixar d'esser immigrants i s'han d'integrar dins sa comunitat, assumint sa cultura des país d'acollida, a fi d'evitar es guetos i es racisme que se'n deriva. En canvi, tu defenses sa no-integració des forasters a Mallorca, que ès just lo contrari d'allò que diu aquest "defensor franco-argelino de los inmigrantes".
No has entès res o no ho vols entendre?
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Pacorrone Amics

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Publicado: Sab Nov 10th, 2007 02:26 pm |
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Se ve que este post se me pasó (cosas del trabajo, imagino).
Sólo haré una observación a todo el texto, y que creo pertinente debido a los cambios realizados por Lluís, ya que en el original tendría algo menos de sentido.
Me refiero exactamente al sentido inmovilista que algunos de los foreros dan a la cultura y la lengua "propias" de una región (no hablaré de país, ya que se sustituyó del original, y por ello es válida mi reflexión). Esa capacidad de detener la historia, así como de olvidar un periodo anterior diferente, es la barrera que utilizan para desechar los posibles cambios e influencias futuras.
Pretender que el proceso migratoria que ha recibido y sigue recibiendo Mallorca (por centrarnos en un caso específico), puede no significar nada para la cultura y lengua hablada en la isla, asumiendo como normal el deber de los nuevos llegados (¿qué porcentaje del total actual de habitantes podríamos fijar?) debe confluir con ellas, y perder así su identidad, teniendo en cuenta por otra parte que esos llegados asumen una cultura y lengua con una implantación mayor, y de las que también participa (en la proporción que ustedes deseen) la misma población autóctona.
Les dejo que reflexionen sobre estas palabras, y podamos abrir un debate constructivo.
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Concos Amics
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Publicado: Sab Nov 10th, 2007 02:42 pm |
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Le dejaré claro, supongo, mi opinión sobre el concepto "foraster". No me gusta la palabra ni lo que significa para algunos. En Mallorca no hay "forasters", más que los que se empeñan que lo sean otros, con todo lo indigno que, para mi, es la persona que usa tal denominación que es la misma para referirse a "sudacas", "amarillos", "negratas" o cualquier otra denominación lesiva para el conjunto de las personas y de los derechos de la persona.
Indigno es, propio de otros contertulios que han pasado al olvido en este foro, el usar el cambio de la digna denominación de "inmigrante" por la despectiva "forastero" con la única base, más que de generar polémica, de intentar despreciar a los que ustedes no consideran mallorquines, si no "forasters" y "españolistas". Suficientes cambios para desvirtuar el concepto del artículo.
Y eso de que eliminando cualquier referencia al autor y cambiando cuatro palabras ha hecho suyo el artículo, y se queda tan tranquilo, tal Ana Rosa Quintana. Creo sinceramente que es la excepción a una larga carrera de artículos publicados por usted.
Me reitero en lo escrito por mi sobre Naïr, es un defensor de los inmigrantes y que promueve su integración en base a los derechos sociales más que a la asimilación cultural. No le niego cierta deriva al filósofo en cambiar ciertos conceptos, según el auditorio. En su última visita a Mallorca, la semana pasada, solto ante el auditorio que los nacionalismos culturales eran beneficiosos, pero que podían derivar en nacionalismo étnico.
Incluyo alguno de sus artículos al respecto, con la url por si se desea acceder al contenido completo:
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http://www.pliegosdeopinion.net/pdo4/desysolid/snair.htm
Así pues, en vez de construir falsos muros, de proferir discursos xenófobos sobre la 'ausencia' de 'proximidad' cultural de las gentes del Sur, sería mejor que los responsables políticos miraran la realidad de frente.
http://www.nodo50.org/espacio/espacio/campa/sami.htm
La forma que tiene una sociedad, un Gobierno, de tratar a la inmigración es hoy día sintomático de su relación con el racismo. Así ocurre con el supuesto argumento de la 'imposible integración' de los musulmanes en la sociedad occidental. Este prejuicio, que es signo de un delito de racismo cultural, es recurrente. No siempre está dirigido contra la confesión musulmana. Se ha incorporado a todas las diferencias: de color, de opinión, de religión, de actitud, etcétera. A principios de siglo, en Francia se sostenía que los italianos eran 'inasimilables' porque eran demasiado católicos; en los años veinte y treinta, en casi toda Europa se acusaba a los judíos de ser 'irreductibles', enemigos de Cristo y conspiradores financieros (ya conocemos la continuación). Después de la guerra se decía de los inmigrantes españoles en Francia, Bélgica, Alemania y Suiza que no se podían integrar en la sociedad moderna europea: 'demasiado ruidosos', 'demasiado violentos'. Entre los años sesenta y ochenta volvimos otra vez con la misma copla con respecto a los inmigrantes magrebíes en Francia y en Bélgica. Los indios y los paquistaníes no estaban mejor parados en Inglaterra.
En materia de inmigración hay que dar muestras de realismo y espíritu de justicia. Pero también hay que tener siempre el valor de denunciar la hipocresía y el cinismo racista, sobre todo cuando se escuda en un discurso 'culturalista' para engañar mejor. Frente al racismo de Estado, ya no es posible callarse. La España que nosotros amamos no debe ser ensuciada por los nuevos apologistas de la limpieza de sangre.
http://collaborations.denison.edu/istmo/n04/articulos/identidad.html
El inmigrante siempre busca su integración en el proceso de movilidad social del país de acogida. Esto no significa que olvide su origen o su condición, sino que el hecho de emigrar sólo tiene sentido para él si le permite cambiar de posición social (por otro lado, esto es lo que explica que el inmigrante, una vez integrado, se vuelva tan intolerante hacia los extranjeros e inmigrantes que llegan posteriormente). En cambio, los inmigrantes reaccionan como 'grupo provisional' cuando son marginados por la posición social, la lengua, las costumbres y, finalmente, el derecho. Dicho de otro modo, la condición de inmigrante siempre es transitoria: lejos de ser una situación propia de una 'minoría', encarna en realidad una posición ambigua de identidad que juega permanentemente con el pasado, el presente y un futuro anhelado. Oponer a esta transición de identidad la identidad masiva de la sociedad de acogida puede tener consecuencias negativas. Porque supone que la sociedad receptora se define en principio como comunidad orgánica cerrada, en la cual los individuos están subordinados a la unidad de la identidad común. Supone olvidar que la sociedad moderna no es una comunidad en el sentido medieval y tribal, sino un conjunto funcional en el que los individuos son sujetos que pueden diferir totalmente aunque las normas sean muy constrictivas.
En realidad, la identidad tanto de la sociedad como del individuo es un proceso de cambio permanente. Y esta metamorfosis incesante engendra, como reacción, las más violentas obcecaciones en lo que respecta a la identidad. En Occidente, el racismo siempre ha actuado a partir de un discurso sobre la identidad y la especificidad. Preconiza una construcción mental abstracta, simbólica e imaginaria que en ocasiones puede engendrar, bajo el pretexto de una diferencia irreducible, una actitud delirante respecto al Otro.
http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1704_5_305511__Opinion-porvenir-inmigrante
En España, estas cuestiones se plantean también dentro de un contexto de reproblematización identitaria de la propia sociedad española. La identidad se ha vuelto aquí un hecho político, y es por supuesto una desgracia, pues, como bien ha dicho el gran politólogo norteamericano Albert Hirsmann, la identidad, cuando se vuelve un asunto de competencia política entre los partidos, es "no-negociable" pues la demagogia extremista siempre gana en contra de la democracia tolerante.
Entre estos arrecifes, el camino pedagógico es estrecho: siempre hay que buscar el término medio, para no provocar reacciones de rechazo o de repliegue identitario del inmigrante. Siempre hay que respetar la dignidad de las personas, la cultura de los padres, la confesión de todos. Pero sin hacer de estos rasgos un lugar de "cierre" identitario del inmigrante. Porque su "origen" es su pasado, y su porvenir es volverse ciudadano a parte entera del país de acogida.
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La inmensa mayoría de los que usted cataloga como "forasters" están bien integrados. Tan integrados qué, además de mallorquines, cuando van por la calle nadie les niega el saludo.
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NEMROD Amics

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Publicado: Dom Nov 11th, 2007 05:28 pm |
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NINGÚN ESPAÑOL ES FORASTERO EN ESPAÑA, O NO DEBERÍA SERLO...
PERSONALMENTE ESTOY ENCANTADO DE QUE ME CONSIDEREN FORASTERO EN MALLORCA, ESO DEMUESTRA LA ACTITUD DE ALGUNOS Y POR SUPUESTO LA MÍA...
____________________ NEPTUNO SEA SIEMPRE LOADO POR DEJARNOS ESTAR EN SU REINO. MIS POSTALES DESDE EL REINO DE NEPTUNO EN:http://xatmallorqui.com/coppermine/index.php?cat=10009
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Lluís Amics
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Publicado: Lun Nov 12th, 2007 06:39 pm |
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NEMROD escribió: NINGÚN ESPAÑOL ES FORASTERO EN ESPAÑA, O NO DEBERÍA SERLO...
Idò n'hi ha que s'encaboten a esser-ho... 
NEMROD escribió: PERSONALMENTE ESTOY ENCANTADO DE QUE ME CONSIDEREN FORASTERO EN MALLORCA, ESO DEMUESTRA LA ACTITUD DE ALGUNOS Y POR SUPUESTO LA MÍA...
Si hi ha ningú que te considera foraster vol dir que no te coneix. Una cosa ès sa teva ideologia teòricament espanyolista i una altra ses teves actituds: es teu nivell de coneixement de sa cultura mallorquina no ès propi de cap foraster. A Mallorca, ets únics que fan bandera de sa seva condició forastera són es "rabascos", i ja fa estona que se barallaren amb tu..., cosa que diu molt a favor teu! 
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