La fuerte tormenta que azotó en la tarde de ayer buena parte de Mallorca, con vientos de una dureza inusual y precipitaciones intensísimas en un breve lapso de tiempo, provocó una veintena de heridos de diversa consideración -uno de ellos en estado crítico- y cuantiosos daños materiales, tanto en bienen públicos como privados.
Una vez caída la tromba de agua, los servicios públicos actuaron con una diligencia y coordinación exigible, pero cabe cuestionar la actuación de la Dirección General d´Emergéncias, dependiente de la Consellería d´Interior, frente a una situación previsible. Con antelación suficiente, el Instituto Nacional de Metereología daba cuenta de alerta naranja y las imágenes del radar evidenciaban la aproximación de la tormenta hacia la bahía de Palma. Sin embargo, desde Emergéncias no se cursó ningún aviso a los ciudadanos.
Ahora es preciso reclamar a la Administración, central y autonómica, reaccionen con la rapidez necesaria para ayudar a los afectados y restablecer la normalidad cuanto antes. Para ello no se deben escatimar esfuerzos y arbitrar las medidas necesarias precisas para poder afrontar lo que no puede calificarse de otro modo, la catástrofe.