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Dona Obdulia de Montcada Amics
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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 08:54 pm |
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Eren nines, hi havia menors d'edat i tot
El Instituto Balear de la Mujer preestrena el próximo sábado la película ‘Las 13 Rosas’ de Emilio Martínez-Lázaro
-- 13 Octubre 2007
Palma (EP).- El Instituto Balear de la Mujer ha organizado para el próximo sábado el preestreno de la película ‘Las 13 Rosas’, del director Emilio Martínez-Lázaro, basada en el libro de Carlos Fonseca ‘Trece rosas rojas’, que cuenta la historia de un grupo de jóvenes “no especialmente aventureras, sino sencillamente, jóvenes comunistas que colaboraban en los servicios sociales de la República” y que fueron detenidas un mes después del final de la Guerra Civil.En un comunicado, la directora del Instituto Balear de la Mujer, Lila Thomàs, consideró que esta película, protagonizada por Pilar López de Ayala, Goya Toledo, Marta Etura y Verónica Sánchez, entre otras, narra una “historia emblemática de todo aquello que significó la dura represión de los vencedores, que implacablemente querían pisar y borrar el legado de la República en nuestro país”.Tal como explica la sinopsis de la película, las jóvenes detenidas y sus familias “estaban tranquilas, porque a lo sumo les caerían unos cuantos años de prisión, pero unos días antes de que se hiciera el juicio, se produce un atentado contra un militar franquista en el que mueren tres personas”.Así, pese a que las 13 jóvenes no tienen nada que ver con este hecho, porque se encontraban en la prisión cuando sucedió, se forjó una venganza y el Tribunal Militar las condena a muerte, de forma que en menos de 48 horas, son fusiladas.
Thomàs manifiestó que homenajear a estas trece mujeres significa dar a conocer su historia, que, según subrayó, supone una “contribución importante para la recuperación de la memoria histórica, para el recuerdo y para el conocimiento de todo aquello que hicieron las mujeres y los hombres que defendieron la legalidad republicana frente al fascismo”.
Finalmente, la directora del Instituto Balear de la Mujer, dependiente de la Conselleria de Asuntos Sociales, Promoción e Inmigración, aseguró que este organismo continuará trabajando, desde su ámbito, para que se pueda dar a conocer la historia “demasiadas veces silenciada” de tantas mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, que “contribuyeron a la recuperación de la democracia”.
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Dona Obdulia de Montcada Amics
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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 08:57 pm |
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HISTORIA / UN LIBRO PARA EL RECUERDO
13 rosas «rojas» fusiladas por el franquismo
TRECE CHICAS, SIETE DE ELLAS MENORES DE EDAD, FUERON FUSILADAS EN 1939 CONTRA LA TAPIA DEL CEMENTERIO ESTE DE MADRID SIMPLEMENTE POR SER «ROJAS». EL PERIODISTA CARLOS FONSECA RECUERDA EN UN LIBRO ESTE EPISODIO DE LA REPRESION FRANQUISTA

CRONICA

 

Trece rosas rojas, de Carlos Fonseca, editado por Temas de Hoy, está a la venta desde el pasado viernes.
Madrugada del 5 de agosto de 1939. Una descarga atronadora retumba en el silencio del día que comienza a despuntar. Después, con una cadencia monótona, suenan los disparos secos del jefe del pelotón de fusilamiento que remata a las víctimas, una a una, con el tiro de gracia. Las presas de la prisión de Ventas, que desde hace horas esperan ese fatídico momento, cuentan en voz baja: «uno, dos, tres trece».
El viento denso y pegajoso del verano hace perfectamente audible aquellos terribles sonidos en el centro penitenciario, distante apenas 500 metros en línea recta del cementerio del Este. Saben así que sus compañeras, que a partir de ese momento pasaran a formar parte de la memoria colectiva de la lucha contra el franquismo como Las Trece Rosas, han sido fusiladas. Su delito: ser rojas.
Momentos antes, y contra el mismo paredón del camposanto madrileño, habían sido ajusticiados 43 compañeros de la Juventud Socialista Unificada (JSU). En total, 56 fusilados en una de tantas sacas con las que el nuevo régimen castigó durante años a los vencidos.Un castigo ejemplar, un acto de venganza, con el que el régimen se saltó incluso sus propias normas formales, que establecían que las penas de muerte quedaban en suspenso hasta que se recibiera el enterado del Caudillo. Un formalismo que el Cuartel General del Generalísimo no cumplimentó hasta el 13 de agosto, cuando habían transcurrido ya ocho días desde que les dieron tierra.
El periodista Carlos Fonseca recupera en un libro trepidante titulado, Trece Rosas Rojas (Temas de Hoy), uno de los episodios más trágicos y desconocidos de la posguerra española. Un capítulo olvidado de los textos de Historia, con mayúscula, pero que permanecía fijado a fuego en la memoria de quienes sobrevivieron a aquel suceso. Con cartas de las protagonistas desde prisión, el testimonio de mujeres que vivieron los hechos y que compartieron amistad y cárcel con ellas, los recuerdos de sus familiares y la investigación en archivos militares y penitenciarios, el autor recupera la memoria histórica de un puñado de jóvenes idealistas que lucharon por la República, y recrea el ambiente opresivo del Madrid de la inmediata posguerra.
LAS HEROINAS
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente, que así se llamaban Las Trece Rosas, no habían cometido más delito que defender la legalidad republicana contra el alzamiento militar del 36 y todas, salvo Blanca, la mayor de ellas con 29 años y la única casada y con un hijo de 11, militaban en la JSU, en el PCE, o en ambas organizaciones a la vez. Ni eran protagonistas ni lo pretendían, aunque los acontecimientos les reservase ese papel.
Todo comenzó a finales de febrero de 1939, cuando el Buró Político, máximo órgano de dirección del PCE, se reunió por última vez en Madrid para decidir qué hacer en caso de que la capital cayera en manos de las tropas franquistas, algo que parecía cada día más próximo. La decisión fue preparar la evacuación del mayor número posible de dirigentes y dejar la organización en manos de militantes de segundo nivel con la intención de que la mantuvieran con vida. Su tarea sería ayudar a los compañeros que quedaran en el interior, mientras desde el exilio se esperaban acontecimientos y se decidía qué hacer.
Cuando el 28 de marzo las tropas nacionales entraron en la capital, la práctica totalidad de dirigentes comunistas se encontraban ya fuera del país y un grupo de muchachos, que se habían batido contra el enemigo en los frentes de Brunete y Guadalajara, se hizo cargo del partido y de la JSU. Ayudar a los camaradas presos y a sus familias, esconder a los perseguidos e intentar recomponer los restos de la derrota era su único objetivo.
Como relata Nieves Torres, una de las protagonistas, «lo principal en aquellos momentos era esconderse, y después ver si la gente a la que conocías y lograbas localizar estaba dispuesta a seguir en la lucha. Yo me coloqué a servir en casa de unos señores de Cuenca que vivían en la calle Goya. Eran franquistas y yo me decía ¡bendita sea dónde te has metido!, pero estaba contenta porque tenía un sitio fijo para comer y dormir, y de vez en cuando paseaba por la calle por ver si me encontraba con alguien. Se trataba de ir captando a jóvenes y de reorganizar la JSU, ni más ni menos».
Madrid era una ciudad inhóspita y peligrosa para los enemigos del régimen, en la que las delaciones estaban a la orden del día. Denunciar era una obligación patriótica, una forma de extirpar el cáncer del comunismo y, sobre todo, la manera más clara y directa de demostrar la adhesión al nuevo Estado. La capital era barrida calle por calle en busca de enemigos de la patria con un odio sin precedentes.
TORTURADOS
Y así fue como la Policía franquista llegó hasta José Pena Brea, un muchacho de 21 años que había asumido la secretaría general de la JSU por decisión de sus compañeros. Fue conducido a la comisaría del Puente de Vallecas, y allí torturado durante días hasta que contó todo lo que sabía para acortar su sufrimiento a un precio enorme. En días sucesivos fueron cayendo todos sus compañeros que fueron, a su vez, fuente de nuevas revelaciones.Las Trece Rosas estaban entre los numerosos detenidos.
«Yo tenía 15 años cuando me detuvieron -cuenta María del Carmen Cuesta, hoy octogenaria- pero era valiente. Me llevaron junto a otras compañeras, entre las que estaba Virtudes, a la comisaría de Jorge Juan, donde estuvimos 10 ó 15 días. Nos interrogaban de madrugada para que no pudiésemos conciliar el sueño, y a los tres o cuatro días de estar allí empezamos a oír gritos estremecedores, espantosos, de compañeras que pasaban por los baños de agua fría, por las anillas eléctricas ».
Las corrientes eléctricas en pechos, muñecas y en los dedos de los pies y manos fue una práctica normal con los detenidos políticos, copiada de los miembros de la Gestapo alemana que se desplazaron a España. Torturas físicas que en el caso de las mujeres se complementaban con vejaciones que buscaban su derrumbe psicológico. Muchas de ellas fueron peladas al cero, e incluso les raparon las cejas para desposeerlas de su feminidad.
Su destino final fue la prisión de Ventas, la moderna prisión de ladrillos rojos y paredes encaladas inaugurada en 1933 como un centro pionero para la reinserción de reclusas, que los vencedores transformaron en un enorme almacén humano en el que se hacinaban 4.000 mujeres cuando su capacidad máxima era de 450.
Los talleres, los pasillos y hasta los váteres hacían las veces de dormitorios para una multitud en la que convivían madres con hijos, ancianas y muchachas casi niñas. Se comía sólo una vez al día y cuando te tocaba, que podía ser por la mañana o de madrugada, un caldo negro que se obtenía de cocer vainas de habas. Hacinadas y con el hambre como compañera, la sarna y los parásitos se comían a las internas, y la avitaminosis les provocaba enormes llagas en la piel. Dolencias agravadas por la ausencia de unas mínimas condiciones de higiene.
Así vivieron Las Trece Rosas hasta que la madrugada del 5 de agosto el runruneo de un camión viejo y destartalado les anunció que venían a por ellas. Dos días antes fueron condenadas a muerte por un Consejo de Guerra acusadas de un delito de «adhesión a la rebelión», y había llegado el momento de ejecutar la sentencia.
Julia Conesa Conesa, de 19 años, tuvo tiempo de escribir una última carta a su familia que decía así: «Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie.Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar».
La misiva concluía con un ruego: «Que mi nombre no se borre en la historia». Este libro es, sin ninguna duda, la mejor forma de evitar el olvido.
Trece rosas rojas, de Carlos Fonseca, editado por Temas de Hoy, está a la venta desde el pasado viernes. / 18 euros / 328 páginas.
La guerra ja havia acabat, aquest matavem en nom de Déu i l'ordre.
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NEMROD Amics

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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 09:03 pm |
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| POR UN MOMENTO CREÍ QUE IBA A SER UNA PELÍCULA SOBRE TRECE MONJAS ASESINADAS...
____________________ NEPTUNO SEA SIEMPRE LOADO POR DEJARNOS ESTAR EN SU REINO. MIS POSTALES DESDE EL REINO DE NEPTUNO EN:http://xatmallorqui.com/coppermine/index.php?cat=10009
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Dona Obdulia de Montcada Amics
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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 09:04 pm |
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La misiva concluía con un ruego: «Que mi nombre no se borre en la historia».
això és lo que voldrien els que diuen que no hi ha que remoure les coses. Els assassinats per la república han estat recordats durant més de 40 anys, han tengut làpides, monuments, misses i tot lo que volgueu, en justícia també toca recordar els altres.
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NEMROD Amics

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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 09:06 pm |
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| NADIE NIEGA EL RECUERDO DE LOS OTROS, PERO NO SOBRE LA DESTRUCCIÓN DEL RECUERDO DE LOS UNOS...
____________________ NEPTUNO SEA SIEMPRE LOADO POR DEJARNOS ESTAR EN SU REINO. MIS POSTALES DESDE EL REINO DE NEPTUNO EN:http://xatmallorqui.com/coppermine/index.php?cat=10009
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Dona Obdulia de Montcada Amics
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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 09:18 pm |
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llibres damunt monges assassinades n'hi ha molts més de 40 anys donen per molt. Ara si tu trobes que encara has de fer xistes damunt aquestes nines assassinades ...
no ho podeu consentir, que vos treguin els pedaços bruts. Som mes vella que tu i he viscut més la història que tu i sé més que tu de que anava la cosa.
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Dona Obdulia de Montcada Amics
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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 09:21 pm |
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| ara mateix no sé quantes monges assassinades les fan beates que més vols ...La Cope crida a anar a Roma com si fos el 36.
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hiedra Amics

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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 09:52 pm |
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jamás nos pondremos de acuerdo...unos ven como una generación que actualmente se siente acosada moralmente desde los poderes públicos (y no disciernen) con subliminal acusación de haber sido cómplices de los "crueles", y los otros, que éstos deban poco más que avergonzarse de una época que al fin y al cabo es donde se fundamentaron sus vidas (y tus historias Conxa), y en las de aquellos que, aun co ntra Franco prosperaron y hoy viven poco menos que en la abundancia.
Modificado el Sab Oct 13th, 2007 09:52 pm por hiedra
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Dona Obdulia de Montcada Amics
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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 10:03 pm |
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| com sempre no dius res, així com els nacionals tenen dret a continuar, com han fet sempre, des de que va acabar la guerra ara amb les beatificacions, els republicans no tenen dret a recordar els seus morts, i a més a més intentar sebre per on paren, hi ha moltes famílies que encara no poden dur una flor a la tomba dels seus estimats.
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hiedra Amics

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Publicado: Sab Oct 13th, 2007 10:10 pm |
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| idò com que no m'entens.. ja saps vent fresc
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moncaira Miembro
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Publicado: Mie Ene 9th, 2008 08:49 pm |
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Dona Obdulia de Montcada escribió:
HISTORIA / UN LIBRO PARA EL RECUERDO
13 rosas «rojas» fusiladas por el franquismo
TRECE CHICAS, SIETE DE ELLAS MENORES DE EDAD, FUERON FUSILADAS EN 1939 CONTRA LA TAPIA DEL CEMENTERIO ESTE DE MADRID SIMPLEMENTE POR SER «ROJAS». EL PERIODISTA CARLOS FONSECA RECUERDA EN UN LIBRO ESTE EPISODIO DE LA REPRESION FRANQUISTA

CRONICA
El militar franquista - cuyo atentado desencadenó esta injustificada y a la vez repugnante represalia - de apellido Gabaldon estuvo destinado durante muchos años en Mallorca. Concretamente en Sóller, localidad donde por cierto en 1923 nacería su hija de 16 años igualmente fallecida en el atentado que costára la vida a su progenitor y al chofer del vehiculo militar en que iban los tres.
A què vé treure ara que els botxins d'aquestes 13 innocentes criatures ho feien en nom de Déu i de l'Ordre ? Es que això ha de fer-nos oblidar que d'altres mataven també innocents i innocentes en odi a Déu, á la religió cristiana i a la glória del comunisme libertari ?

 

Trece rosas rojas, de Carlos Fonseca, editado por Temas de Hoy, está a la venta desde el pasado viernes.
Madrugada del 5 de agosto de 1939. Una descarga atronadora retumba en el silencio del día que comienza a despuntar. Después, con una cadencia monótona, suenan los disparos secos del jefe del pelotón de fusilamiento que remata a las víctimas, una a una, con el tiro de gracia. Las presas de la prisión de Ventas, que desde hace horas esperan ese fatídico momento, cuentan en voz baja: «uno, dos, tres trece».
El viento denso y pegajoso del verano hace perfectamente audible aquellos terribles sonidos en el centro penitenciario, distante apenas 500 metros en línea recta del cementerio del Este. Saben así que sus compañeras, que a partir de ese momento pasaran a formar parte de la memoria colectiva de la lucha contra el franquismo como Las Trece Rosas, han sido fusiladas. Su delito: ser rojas.
Momentos antes, y contra el mismo paredón del camposanto madrileño, habían sido ajusticiados 43 compañeros de la Juventud Socialista Unificada (JSU). En total, 56 fusilados en una de tantas sacas con las que el nuevo régimen castigó durante años a los vencidos.Un castigo ejemplar, un acto de venganza, con el que el régimen se saltó incluso sus propias normas formales, que establecían que las penas de muerte quedaban en suspenso hasta que se recibiera el enterado del Caudillo. Un formalismo que el Cuartel General del Generalísimo no cumplimentó hasta el 13 de agosto, cuando habían transcurrido ya ocho días desde que les dieron tierra.
El periodista Carlos Fonseca recupera en un libro trepidante titulado, Trece Rosas Rojas (Temas de Hoy), uno de los episodios más trágicos y desconocidos de la posguerra española. Un capítulo olvidado de los textos de Historia, con mayúscula, pero que permanecía fijado a fuego en la memoria de quienes sobrevivieron a aquel suceso. Con cartas de las protagonistas desde prisión, el testimonio de mujeres que vivieron los hechos y que compartieron amistad y cárcel con ellas, los recuerdos de sus familiares y la investigación en archivos militares y penitenciarios, el autor recupera la memoria histórica de un puñado de jóvenes idealistas que lucharon por la República, y recrea el ambiente opresivo del Madrid de la inmediata posguerra.
LAS HEROINAS
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente, que así se llamaban Las Trece Rosas, no habían cometido más delito que defender la legalidad republicana contra el alzamiento militar del 36 y todas, salvo Blanca, la mayor de ellas con 29 años y la única casada y con un hijo de 11, militaban en la JSU, en el PCE, o en ambas organizaciones a la vez. Ni eran protagonistas ni lo pretendían, aunque los acontecimientos les reservase ese papel.
Todo comenzó a finales de febrero de 1939, cuando el Buró Político, máximo órgano de dirección del PCE, se reunió por última vez en Madrid para decidir qué hacer en caso de que la capital cayera en manos de las tropas franquistas, algo que parecía cada día más próximo. La decisión fue preparar la evacuación del mayor número posible de dirigentes y dejar la organización en manos de militantes de segundo nivel con la intención de que la mantuvieran con vida. Su tarea sería ayudar a los compañeros que quedaran en el interior, mientras desde el exilio se esperaban acontecimientos y se decidía qué hacer.
Cuando el 28 de marzo las tropas nacionales entraron en la capital, la práctica totalidad de dirigentes comunistas se encontraban ya fuera del país y un grupo de muchachos, que se habían batido contra el enemigo en los frentes de Brunete y Guadalajara, se hizo cargo del partido y de la JSU. Ayudar a los camaradas presos y a sus familias, esconder a los perseguidos e intentar recomponer los restos de la derrota era su único objetivo.
Como relata Nieves Torres, una de las protagonistas, «lo principal en aquellos momentos era esconderse, y después ver si la gente a la que conocías y lograbas localizar estaba dispuesta a seguir en la lucha. Yo me coloqué a servir en casa de unos señores de Cuenca que vivían en la calle Goya. Eran franquistas y yo me decía ¡bendita sea dónde te has metido!, pero estaba contenta porque tenía un sitio fijo para comer y dormir, y de vez en cuando paseaba por la calle por ver si me encontraba con alguien. Se trataba de ir captando a jóvenes y de reorganizar la JSU, ni más ni menos».
Madrid era una ciudad inhóspita y peligrosa para los enemigos del régimen, en la que las delaciones estaban a la orden del día. Denunciar era una obligación patriótica, una forma de extirpar el cáncer del comunismo y, sobre todo, la manera más clara y directa de demostrar la adhesión al nuevo Estado. La capital era barrida calle por calle en busca de enemigos de la patria con un odio sin precedentes.
TORTURADOS
Y así fue como la Policía franquista llegó hasta José Pena Brea, un muchacho de 21 años que había asumido la secretaría general de la JSU por decisión de sus compañeros. Fue conducido a la comisaría del Puente de Vallecas, y allí torturado durante días hasta que contó todo lo que sabía para acortar su sufrimiento a un precio enorme. En días sucesivos fueron cayendo todos sus compañeros que fueron, a su vez, fuente de nuevas revelaciones.Las Trece Rosas estaban entre los numerosos detenidos.
«Yo tenía 15 años cuando me detuvieron -cuenta María del Carmen Cuesta, hoy octogenaria- pero era valiente. Me llevaron junto a otras compañeras, entre las que estaba Virtudes, a la comisaría de Jorge Juan, donde estuvimos 10 ó 15 días. Nos interrogaban de madrugada para que no pudiésemos conciliar el sueño, y a los tres o cuatro días de estar allí empezamos a oír gritos estremecedores, espantosos, de compañeras que pasaban por los baños de agua fría, por las anillas eléctricas ».
Las corrientes eléctricas en pechos, muñecas y en los dedos de los pies y manos fue una práctica normal con los detenidos políticos, copiada de los miembros de la Gestapo alemana que se desplazaron a España. Torturas físicas que en el caso de las mujeres se complementaban con vejaciones que buscaban su derrumbe psicológico. Muchas de ellas fueron peladas al cero, e incluso les raparon las cejas para desposeerlas de su feminidad.
Su destino final fue la prisión de Ventas, la moderna prisión de ladrillos rojos y paredes encaladas inaugurada en 1933 como un centro pionero para la reinserción de reclusas, que los vencedores transformaron en un enorme almacén humano en el que se hacinaban 4.000 mujeres cuando su capacidad máxima era de 450.
Los talleres, los pasillos y hasta los váteres hacían las veces de dormitorios para una multitud en la que convivían madres con hijos, ancianas y muchachas casi niñas. Se comía sólo una vez al día y cuando te tocaba, que podía ser por la mañana o de madrugada, un caldo negro que se obtenía de cocer vainas de habas. Hacinadas y con el hambre como compañera, la sarna y los parásitos se comían a las internas, y la avitaminosis les provocaba enormes llagas en la piel. Dolencias agravadas por la ausencia de unas mínimas condiciones de higiene.
Así vivieron Las Trece Rosas hasta que la madrugada del 5 de agosto el runruneo de un camión viejo y destartalado les anunció que venían a por ellas. Dos días antes fueron condenadas a muerte por un Consejo de Guerra acusadas de un delito de «adhesión a la rebelión», y había llegado el momento de ejecutar la sentencia.
Julia Conesa Conesa, de 19 años, tuvo tiempo de escribir una última carta a su familia que decía así: «Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie.Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar».
La misiva concluía con un ruego: «Que mi nombre no se borre en la historia». Este libro es, sin ninguna duda, la mejor forma de evitar el olvido.
Trece rosas rojas, de Carlos Fonseca, editado por Temas de Hoy, está a la venta desde el pasado viernes. / 18 euros / 328 páginas.
La guerra ja havia acabat, aquest matavem en nom de Déu i l'ordre.
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DON QUERQUES Amics
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Publicado: Mie Ene 9th, 2008 09:16 pm |
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Perdonau-me que a vegades el meu capet vagi a cercar exemples i històries. No ho puc evitar
Fa 2000 anys els cabdill gal Breno, va arribar fins a les portes de Roma. Els romans li digueren que li pagarien una fortuna amb or si se'n anava sense creuar les portes de la ciutat.
Breno va acceptar i va fer posar unes grans balances penjades. Dins un platot hi va posar una roca, i dins l'altre, els romans hi havien de posar or fins nivellar els plats.
Així ho feren, i quan el feel de la balança marcava l'exactitut d'igualdat de pes, Breno va posar sobre el pedrolot la seva espasa. Volia més or. Els romans li insinuaren que feia trampa i que això no eren els pactes. Ell només va respondre:
- Vae victis! (Ai dels vençuts!)
Fa 2000 anys i tot segueix igual.
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