JL Rodríguez Zapatero ha presentado el alcance del bien probable Tratado de Lisboa maquillando si no ocultando un punto fundamental, sin que los españoles sepan lo que en verdad se firmará por ellos sin que ellos sean realmente conscientes.
Un nouvel horizon pour l’Union européenne] ZP glosa con simpatía la posible adopción de “iniciativas legislativas populares, autorizando nuevas iniciativas cuando estén apoyadas por un millón de firmantes”. Zapatero repite dos veces la palabra “iniciativas” en una frase que tiene catorce: es una forma elíptica de eludir sin nombrar un problema de inmenso calado.
Lo que en verdad dice el apartado 4 del artículo 8B del Título II del Proyecto de Tratado modificando el Tratado sobre la Unión Europea y el Tratado instituyendo la Comunidad europea [PDF del Consejo de la UE] es que “un millón de ciudadanos, cuando menos, miembros de un número significativo de Estados miembros, pueden tomar la iniciativa de invitar a la Comisión, en el marco de sus atribuciones, a someter una proposición adecuada sobre cuestiones que, a su juicio, necesiten de un acto jurídico de la Unión…”
Tras la bizantina prosa administrativa de la burocracia europea, se trata de algo muy simple: un millón de españoles, belgas, escoceses, griegos, catalanes, vascos, andaluces… pueden proponer a la Comisión este o aquel proyecto legislativo que ellos consideren oportuno. Iniciativa trivial en Suiza, donde el referéndum forma parte del trabajo político tradicional. Iniciativa de alcance imprevisible, manejada por personalidades como Ibarretxe o Carod Rovira, que pueden interpretar que la “iniciativa popular” europea se asemeja muy mucho a la utilización del fantasma de un referéndum ¿local? ¿regional? ¿ecológico? etc., con fines políticos propios.
____________________ Respeto a la <<plural diferenza>>